Lección 6: Aprovecha los ratos muertos

Ser productivo es aprovechar al máximo tu tiempo, ya deberías haber aprendido esto si has llegado a la sexta lección de mi curso.

En la mayoría de los casos nosotros tenemos control sobre cómo y en qué emplear nuestro tiempo. En temas relacionados con el trabajo, los proyectos personales o las tareas domésticas somos plenamente conscientes de ello y nos esforzamos por ser eficientes, pero el día se compone de muchos pequeños momentos que podemos optimizar. Muchas veces hacemos las cosas de determinada manera solo porque siempre las hemos hecho así.

 

Los podcast me cambiaron la vida

 

Soy Madrileño y trabajo a 40 km de mi casa, lo que implica estar todos los días del año entre 1,5 y 2 horas en la carretera. 2 horas es un 12,5% de las horas que paso despierto al día. Tradicionalmente escuchaba la radio o algo de música, pero un día empecé a plantearme si lo que estaba escuchando realmente tenía un impacto en mi vida.

Quizás de todas las noticias que escuchaba al día, había un par a la semana que merecía la pena saber y que, aún así, no eran relevantes para mi. Estaba perdiendo el tiempo. Si me hubiera puesto 2 horas de sonidos de olas al día habría aprovechado mejor el viaje porque por lo menos hubiera llegado relajado.

Fue entonces cuando descubrí los audiolibros. De un tiempo a esta parte tengo el grandísimo problema de que no tengo tanto tiempo para leer como me gustaría. Por eso, dedico el tiempo que tengo a leer libros que requieren cierta concentración. Esto hacía que hubiera dejado de leer libros clásicos y libros ligeros de “autoayuda”. Por cierto, yo ya no leo Best Sellers de moda, solo leo lo que se ha consolidado como un libro que hay que leer.

El tema es que descubrí que existen aplicaciones como Librivox y auténticas bibliotecas de libros leídos como la de la ONCE donde puedes hacerte prácticamente con cualquier título de forma gratuita. Cambie las inútiles noticias por novelas clásicas como los Episodios Nacionales o El Quijote, muchísimo más constructivo.

El siguiente paso fue que me faltaba tiempo para aprender más deprisa cosas que quería aprender. En una época de mi vida me surgió la necesidad de practicar más idiomas y leí como mucha gente lo hacía a través de podcast. Me puse manos a la obra, me descargué Ivoox y me suscribí a varios podcast de conversación y vocabulario muy útiles.

Lo siguiente que pensé es: si puedo aprender idiomas; ¿por que no aprender otras cosas? Mis viajes en coche ahora consisten en una selección de podcast sobre emprendedores, historia y psicología, audiolibros sobre motivación y negocios y de vez en cuando algún podcast sobre películas. El domingo repaso un poco que voy a escuchar durante la semana, lo descargo en mi teléfono a través de la aplicación y aprovecho mis viajes.

¿Prefieres escuchar 20 veces a la semana la misma canción o aprender algo nuevo cada día? Ojo, no son cosas incompatibles, cada cosa tienen su momento.

 

Elije qué leer y qué no leer

 

Yo siempre fui de leer el periódico. De hecho, en cuanto me hice con mi primer smartphone, fui de leer varios periódicos al día. Me gusta estar informado, contrastar puntos de vista, entender el mundo que me rodea. Poco a poco me fui dando cuenta de que los periódicos no existen para informar, existen para ganar dinero. El concepto romántico de periodismo es un valor en desuso. Un periódico escribe para ser leído. Para mí el trabajar en publicidad supuso un punto de inflexión muy fuerte en este sentido. Entendí que era un consumidor de información, como un consumidor de hamburguesas o un consumidor de bebidas azucaradas. No era un buen hábito.

Ahora me sigo informando, peor cuido muchísimo lo que leo. Ya no me interesan temas de actualidad y política. Tiendo más a leer blogs de referencia en las cosas que me interesan o el las que trabajo, medios muy especializados para los que sí estoy dispuesto a consumir información (como medios de lifehacks por ejemplo). Si, de vez en cuando le pego un vistazo a un periódico generalista o deportivo, pero también abro a veces la nevera solo para ver que hay dentro XD

Con la televisión he seguido un proceso similar. He dejado de ver lo que ponen en la televisión para convertirme en un consumidor activo de cultura televisiva. Me explico. Antes me sentaba delante del televisor por la noche y le decía a mi mujer “a ver que echan”. Ahora me siento y digo “vamos a ver una película que he escuchado en un podcast que es una obra maestra”.

Y, como he comentado antes, ya no leo Best Sellers de moda. Por suerte mi familia me ha dejado de regalar este tipo de libros por navidad ;) No digo que no haya disfrutado unos cuantos (soy un gran fan de Juego de Tronos por ejemplo), pero prefiero esperar un par de años a que se consolide como un libro que hay que leer antes de leerlo. Si, yo también caí en las garras del Código Da Vinci. Nunca más.

¿Veis donde está la diferencia? Antes me comía lo que los medios estaban dispuestos a darme. Ahora solo me trago lo que me hace crecer personalmente. Mi dieta de información es más rica y nutritiva.

 

Descansos productivos

 

Siguiendo con el tema de aprovechar cada momento, os voy a contar mi pequeño truco de los descansos productivos. Para descansar el cerebro no hace falta demasiado, normalmente es suficiente con cambiar de actividad. Las áreas del cerebro que no usamos técnicamente están “descansando”. De hecho, los mamiferos marinos duermen su cerebro por partes y así pueden descansar.

Si es suficiente con cambiar de actividad ¿por qué no hacer que esta actividad sea también productiva? Yo tengo una lista de tareas que hacer para “descansar”. Como trabajo en timeboxing (ya te lo expliqué en una lección anterior), al final de cada uno de mis ciclos de trabajo dedico 5 o 10 minutos a realizar otra actividad. En vez de darle un vistazo a Facebook, aprovecho para concertar una cita con el médico, escribir a mi madre, reclamar esa factura que tiene un problema, comprar las entradas de una obra de teatro…

Es increíble la cantidad de pequeñas tonterias personales que tenemos que hacer y que podemos quitarnos de encima con este sistema. Y lo mejor de godo es que agradeceremos el hacerlas porque es una forma de descanso.

 

La tarea extra

 

Este es otro truco excelente que me ha cambiado la vida. Si tienes un provecto personal, reserva al menos 30 minutos al día para dedicarle tiempo. No hace falta que sea más tiempo, pero si que sea todos los días. Tómatelo como un hábito a desarrollar. 30 min al día suponen 3,5 horas a la semana, que son 182.5 horas al año. Con solo dedicar 30 minutos al día a tu proyecto será como si te tomaras un mes de vacaciones al año para dedicarte a tu proyecto en exclusiva.

¿Cómo conseguir esta media hora? Busca tu momento. Casi todo el mundo que he conocido que ha tenido éxito compaginando un trabajo, una familia y un proyecto personal son gente que se acuestan un poco más tarde que los demás o se levantan más temprano. Yo personalmente he optado por madrugar. Me levanto a las 6 y dedico 1,5 horas a mis cosas. Hago ejercicio, desayuno y escribo un poco. Para cuando llego al trabajo ya he hecho más de lo que casi todos mis compañeros harán a lo largo del día.

No tienes excusas. Tu tienes 24 horas al día, como cualquier otra persona. Reflexiona. Se inteligente. No te dejes llevar. Crea tus hábitos productivos y verás como tienes más tiempo y te sientes más realizado con tu día a día.

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