Ley de elasticidad de Hooke y motivación

Ley de elasticidad de Hooke y motivación

Me gustaría presentarte hoy una pequeña metáfora entre una sencilla ley física que probablemente hayas estudiado en el colegio. Quiero usar la Ley de elasticidad de Hooke para explicar cómo funciona la presión que las organizaciones ejercen sobre las personas y qué ocurre cuando esta presión deja de ser justificable.

Pero primero presentemos la Ley propiamente dicha:

La ley de Hooke dice que el alargamiento de un muelle es directamente proporcional a la fuerza aplicada, siempre y cuando el muelle no se deforme permanentemente. Si aplicas una fuerza, el muelle se deformará. Si aplicas el doble de fuerza, el muelle se deformará el doble. Una vez dejas de aplicar la fuerza, el muelle volverá a su forma original.

Cuando el muelle se deforma permanentemente, se dice que la fuerza aplicada es superior a su límite de elasticidad. En este caso, no puede aplicarse la ley de Hooke.

Trasladando esta lógica al campo de la gestión de los recursos humanos, podríamos hacer una analogía entre esfuerzo que realiza una persona y la presión a la que es sometida por parte de la empresa. Podría decirse que el esfuerzo en el trabajo de una persona es directamente proporcional a la presión a la que sea sometido siempre y cuando la presión no rompa la motivación del trabajador.

En circunstancias normales, la presión ejercida sobre un trabajador es constante, y el esfuerzo de esta persona es también constante. En circunstancias normales, la presión y el esfuerzo están equilibrados. Es lo que me gusta llamar “contrato social del trabajo”. La empresa pide cosas razonables, el trabajador desempeña lo que le pide la empresa de una forma óptima. Todos contentos.

Sucede muy a menudo que las organizaciones añaden poco a poco presión sobre las personas, normalmente sin que ninguna de las dos partes se de demasiada cuenta. No es algo que se haga a desde, es algo orgánico. Una persona que hace bien su trabajo tiende a acumular más trabajo. Esto hace que la presión poco a poco vaya aumentando en muchos trabajos y, por consiguiente, el esfuerzo aplicado también aumente. No ocurre en todas partes pero no es infrecuente. Es el caso de estas personas que se encargaban de hacer cierto tipo de tareas y se descubren 2 años después haciendo muchas más cosas de las que hacían antes. Suele llegar un momento en el que esta persona se siente sobrecargada y necesita hacer algo para revertir la situación. Esto pasa normalmente por no aceptar más tareas (evitar que se añada más presión) o pedir cambiar sus condiciones laborales (aumentar el límite de elasticidad). Si nada cambia, se alcanzará el límite de elasticidad de esa persona y su motivación laboral se deformará. Su comportamiento frente a la presión será diferente y normalmente sufrirá un proceso de desmotivación paulatina.

También puede ocurrir que, en un momento puntual, la presión aumente por causas determinadas y bien definidas. Hay un aumento de presión repentino que conlleva un aumento del esfuerzo. Esto ocurre en casi todos los trabajos. En la campaña de navidad, muchas empresas tienen que pedir un esfuerzo suplementario a sus trabajadores. Estos suelen entenderlo relativamente bien y responden a la presión con más esfuerzo. Pero si esto se prolonga en el tiempo y se convierte en norma en vez de ser una excepción, también alcanzaremos el límite de elasticidad del trabajador y, de nuevo, su motivación laboral se deformará.

¿Qué debemos aprender de todo esto? No es malo presionar a alguien cuando hay motivos para hacerlo, siempre y cuando la presión esté dentro de unos límites aceptables. La presión nunca debe ser demasiado intensa o demasiado prolongada. Si esto ocurre, quebraremos la motivación de las personas y su vínculo con la organización cambiará de forma irremediable.

 

¿Te presionan demasiado? ¿Cual es tu reacción ante la presión? ¿Cual es tu reacción ante la presión excesiva? ¿Has sentido alguna vez el punto en el que se alcanzaba tu “limite de elasticidad” y decidiste que las cosas no podían seguir igual?

¿No paras en todo el día y aún así no llegas a todo?

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Acerca del autor de esta entrada, Daniel Grifol

Hola. Me llamo Daniel y yo también pensaba que estaba hasta arriba de trabajo. Hace años me dí cuenta de que me pasaba el día haciendo cosas pero no llegaba a ninguna parte. Decidí dejar de quejarme, pararme a pensar un poco y aprender a trabajar mejor. Lo que aprendí te lo cuento en mi curso gratuito de Productividad Personal.

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