El palo y la zanahoria, una recompensa que nunca llega

El palo y la zanahoria, una recompensa que nunca llega

Mucha gente habla de que el reto es un facto determinante a la hora de motivar a los Knowmads, los trabajadores del conocimiento que siempre estamos a la caza de proyectos interesantes y realizando labores fuera de nuestra zona de confort y de las empresas a las que nos incorporamos.

Ocurre que cuando decides incorporarte una empresa y tienes la innovación en el ADN, se unen dos factores. El grado de incertidumbre es tan alto que la empresa normalmente no arriesga mucho dinero, por lo que las perspectivas salariales no son muy altas en un primer momento, pero el ambiente es muy efervescente y resulta bastante divertido. El desafío es bonito.

Algunas personas deciden recoger el guante, con la promesa de que cuando la empresa vaya bien se podrá mejorar el tema de los salarios y las condiciones laborales, de que los empleados tendrán participación en la empresa que han ayudado a levantar o de que surgirán oportunidades para crecer profesionalmente. Estas son las zanahorias que perseguimos los knowmads. Estamos dispuestos a arriesgarnos y hacer crecer las empresas, pero las empresas deben corresponder haciendo que nosotros crezcamos con ellas.

Habitualmente ocurren tres cosas.

La primera es que la empresa no va bien y decide cerrar. Todo el mundo lo entiende, no hemos superado el reto y no hay mucho más que hacer. El 80% de las startups no sobreviven al primer año después de todo.

La segunda es que la empresa permanece mucho tiempo en modo supervivencia. El negocio da para vivir con más o menos aprietos pero poco más, por lo que la startup se estanca. Esto suele degenerar en algún momento en situaciones incómodas en las que se apela al sobre-esfuerzo de la plantilla para salir de esta situación, pero no voy a entrar ahora a valorar lo justo o injusto de esta decisión.

Lo tercero que ocurre es que la empresa va bien. Pero no va tan bien como al propietario le gustaría. A el (ellos normalmente porque las empresas que van bien tienen varios inversores) le gustaría que fuera mejor. Siempre. Entonces la infraestructura empieza a crecer. Se contrata a más gente, a un precio más alto porque hay más dinero, y la empresa se empieza a “profesionalizar”. Cuando el knowmad pregunta por su zanahoria, los argumento suelen ser que la empresa está en un momento delicado porque está creciendo, que es el momento de incorporar otros perfiles, este tipo de cosas.

No solo eso. Como la empresa crece el reto es más ambicioso, por lo que se apela al buen hacer del knowmad, que por otra parte ha ayudado a la empresa a llegar al punto en el que se encuentra, para que alcance nuevas cuotas de éxito.

Por lo que el knowmad que ayudó a hacer crecer la empresa se encuentra con las mismas condiciones que tenía cuando entró, rodeado de personas que cobran más dinero que el sin haber hecho el esfuerzo que el ha hecho por la compañía y encima le están pidiendo que se esfuerce más aún porque el reto es precioso y el momento es crucial. Y encima ha comprobado que, aunque se esfuerce, su situación personal no tiene visos de mejorar.

Se encuentra atado a una rueda de molino que cada vez es más pesada de mover persiguiendo una zanahoria atada a un palo. Es solo cuestión de tiempo que el knowmad se de cuenta de que nunca podrá alcanzar la zanahoria y decida abandonar la rueda.

Los retos son maravillosos, pero los retos deben tener asociadas recompensas. No sirve de nada plantear un desafío tras otro si no hay sensación de progreso. No sirve de nada apelar a las ganas de innovación de las personas si la empresa no ayuda a que las personas crezcan.

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Acerca del autor de esta entrada, Daniel Grifol

Hola. Me llamo Daniel y yo también pensaba que estaba hasta arriba de trabajo. Hace años me dí cuenta de que me pasaba el día haciendo cosas pero no llegaba a ninguna parte. Decidí dejar de quejarme, pararme a pensar un poco y aprender a trabajar mejor. Lo que aprendí te lo cuento en mi curso gratuito de Productividad Personal.

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  • Daniel… perfectamente explicado.
    A menudo ejercemos la libertad de nuestra posición para elegir proyectos ilusionantes antes que proyectos bien remunerados.
    Pero luego nos cuesta un mundo aplicar esa misma libertad para abandonarlos cuando son manifiestamente lesivos a nuestros intereses. Aunque sólo sea por el coste de oportunidad que implican.
    No eres un verdadero profesional hasta que no eres capaz de abordar desde el principio, con claridad y por escrito, el precio de tu trabajo. Sin tapujos, sin vergüenza y sin más ánimo que fijar las reglas del juego desde el principio para que luego ambas partes puedan centrarse sin desconfianza ni ruido a aportarse valor mutuamente.

    • Gracias por tu comentario Rafa.

      Cada vez me encuentro más personas que aceptan trabajos y ya no es que no negocien el salario, es que ni siquiera preguntan cuanto van a cobrar. Es más, hay entrevistas en las que me han dicho explícitamente que negociar el sueldo es de bastante mal gusto. Es algo que me escandaliza. Parto de la base de que a todos más o menos nos apasiona nuestra profesión, pero a fin de cuentas un trabajo es un acuerdo por el que tu vendes tu fuerza de trabajo a cambio de dinero. No se por qué hay tantos tabúes en este tema…

  • La gente de Compensación y Beneficios de esa startup aún no se ha enterado que lo de «todo el mundo tiene talento» es solo una mentira piadosa que se dice a los que no lo tienen, por eso no dedica la atención que debe a identificarlo y gestionarlo bien. En cuanto al knowmad, ya está tardando en irse a buscar nuevas zanahorias. Díselo. Es consejo de amigo.
    Abrazo!

    • El problema es que no creo que sea un caso aislado, creo que es una práctica general.

      Conozco demasiados ejemplos como para pensar que no es una tendencia del mercado laboral. Por supuesto, hay sitios donde esto no se cumple y los considero honrosas excepciones.

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