Reflexiona antes de actuar

Reflexiona antes de actuar

Me hace mucha gracia (y a la vez me da un poco de pena) la gente que siempre están ocupados y nunca pueden pensar en cómo están haciendo lo que están haciendo. Es como decir que prefieres ir corriendo al trabajo todos los días en vez perder el tiempo en mirar cómo se llega en metro.

Seguro que os suena la historia. Vez que alguien está haciendo su trabajo con un método poco eficiente y, cuando les sugieres cambiar el método, la respuesta es “ojala tuviera tiempo, pero estoy ocupado trabajando”.

Genial, es cierto que estas trabajando y parece que muy duro. Tienes que cortar ese árbol cuanto antes. Pero estás golpeando el árbol con una barra de hierro compañero, con ese sistema vas a tardar un año. ¿No será más sencillo que te acerques a la tienda, compres un hacha, vuelvas y sigas talando? Ya verás como tardas mucho menos.

“Pero es que el tiempo que tardo en ir a la tienda es tiempo que no paso talando”.

Evidentemente. Pero hay que contemplar las horas en conjunto.

Hablamos alguna vez del tema en un artículo sobre cómo afilar el hacha. Lo sorprendente del tema es que mucha gente no termina de ver los beneficios de invertir tiempo en mejorar o cambiar su sistema de trabajo y prefieren perder innumerables horas siendo ineficientes. Y digo perder porque esas horas de más se desperdician y no sirven absolutamente para nada.

Si es tan evidente; ¿por qué le pasa a tantísima gente?

Por un lado supongo que es por propia incapacidad o falta de ganas para reflexionar. Cuando llevas mucho tiempo haciendo las cosas de una determinada manera, es muy difícil el plantearse que las cosas pueden ser de una forma distinta, así que simplemente dejas de pensar y te limitas a ejecutar.

Por otra parte, existe el miedo a salir de la zona de confort. A la gente no le gusta salir de su zona de confort y plantearse las cosas desde una perspectiva diferente porque se sienten perdidos e incómodos. Tenemos una tendencia natural a perpetuar sistemas que hemos demostrado que son funcionales en el pasado, aunque no sean eficientes, porque nos sentimos cómodos con ellos. Sin embargo, el ser humano también está dotado para ser creativo por naturaleza…

Por último, tenemos el problema de vencer la resistencia al cambio. Es muy habitual que la gente se rebele ante cualquier cambio en su forma de trabajar. Esto es porque tienen miedo a ser desplazados, tiene miedo a no ser tan efectivos después del cambio. Cabe resaltar que superar la resistencia al cambio es una responsabilidad tanto de la gente que debe cambiar como de sus compañeros y de sus jefes.

Antes de ponerte a trabajar como una bestia piensa: ¿mi forma de trabajar es efectiva o debería cambiarla antes de empezar?

¿No paras en todo el día y aún así no llegas a todo?

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