Si no sabes delegar estas muerto, aunque todavía no lo sepas

Si no sabes delegar estas muerto, aunque todavía no lo sepas

Decir a los demás lo que tienen que hacer parece algo relativamente sencillo. Dejar de hacer las cosas que estás haciendo para decirle a otra persona que las haga parece más sencillo aún. Sin embargo, no saber delegar apropiadamente es el punto más débil de mucha gente que accede a puestos de dirección o de gestión.

Si bien para una empresa un manager que no sabe delegar es un problema, si eres autónomo y no sabes delegar estás muerto. No puedes hacerlo todo y, aunque pudieras, no vas a poder hacerlo todo bien. Aún en el remotísimo caso de que pudieras hacerlo todo y aceptablemente bien, más temprano que tarde reventarías.

Te voy a contar el caso de un autónomo que conozco que fracasó por no saber delegar.

Resulta que este señor era un tipo bastante listo que en algún momento hizo buenos contactos. Cuando se quedó sin trabajo, decidió que era un momento estupendo para crear su propio negocio.

Lo primero era formalizar todos los papeles. ¿Para qué contratar una asesoría? El había trabajado en una, era perfectamente capaz de hacer un trámite tan sencillo. Al final le costó trabajo, pero consiguió constituirse.

Lo segundo era crear una marca de empresa. A fin de cuentas, el también había trabajado en publicidad. Creó su propio logo, creó sus tarjetas de visita el mismo, se hizo su página web. Puedes hacerte una idea del resultado. El diseño no era demasiado profesional.

No contento con esto, decidió imprimir sus propios diseños en vez de contratar una buena imprenta. Después de todo, parecía más barato hacerlo él mismo que enviar a una imprenta todo lo que quería hacer. Yo tuve ese material en las menos y era absolutamente desastroso.

También necesitaba infraestructura para facturar. En vez de recurrir de nuevo a una asesoría o contratar algún software para hacer la facturación, decidió hacérselo él mismo (si compañero, él mismo). Los programas de facturación eran relativamente caros y él no necesitaba nada demasiado complicados. Y ya hemos comentado sobre la opinión de este señor sobre el papeleo.

Si vas haciendo la cuenta, este tipo ya había trabajado aproximadamente dos meses sin cerrar un solo cliente y ya estaba extenuado.

Por supuesto, tenía que trabajar mucho para ser competitivo. En su sector la competencia era por precio en ese momento, y esta persona tenía una gran capacidad de esfuerzo (aunque no sabía de productividad personal), así que legó el éxito de su empresa su gran capacidad para trabajar muchas horas por poco dinero.

Mi amigo consiguió que la empresa funcionara relativamente bien al cabo de unos meses. Aunque la captación de clientes había sido un infierno (por supuesto, no había delegado en esto tampoco), consiguió un par de acuerdos estratégicos que le aseguraban un flujo más o menos estable de trabajo.

Trabajaba sin parar 12 horas al día 7 días a la semana. “Es solo de momento”, me decía. “Hay que esforzarse mucho ahora para vivir bien en el futuro”.

Entonces llegó la debacle. La crisis que empezó en 2008.

El trabajo era el mismo, pero los clientes, al principio, empezaron a  dejar de pagar. Como mi amigo no quiso delegar el tema de los cobros, se vio expuesto a muchas situaciones desagradables que no sabía manejar y que le robaban mucho tiempo.

Después los clientes empezaron  escasear, lo que tubo dos consecuencias obvias. La más evidente es que cada vez era más difícil conseguir un cliente pero, como no tenía la infraestructura necesaria, no podía atender a los pedidos y conseguir clientes nuevos al ritmo necesario.

La segunda es que la competencia por precio se hizo más cruenta. Para las empresas que ofrecían un servicio similar pero tenían a varias personas trabajando en los proyectos, el coste era asumible. Pero mi amigo vivía al límite del beneficio.

Demasiadas cosas por hacer y una increíble incapacidad para contratar ayuda y delegar hizo que la empresa de mi amigo se fuera al garete.

Si has llegado hasta aquí, te voy a contar un secreto: no hay tal amigo, estoy contándote mi historia. Ya sabes por qué me interesa tanto la productividad personal ;)

 

 

 

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  • Hola Daniel.

    Siempre es enriquecedor leer experiencias de personas que han pasado por ello.

    Pasado el tiempo, ¿cuál crees que fue el motivo principal por el que no delegaste algunas de las tareas que comentas?

    Normalmente siempre suele ser 1 de estas 2:
    – Pérdida de tiempo. Entre que busco a alguien que me de confianza y le explico lo que quiero… lo hago yo.
    – Pérdida de dinero. Es un coste que me puedo ahorrar haciéndolo yo mismo.

    Un saludo.
    Carlos

    • En mi caso particular es la percepción de pérdida de dinero. Pero en realidad estoy perdiendo más dinero no delegando que delegando. Aunque yo mismo pueda hacer algo, es mucho más rentable emplear mis recursos en hacer algo para lo que soy especialista y pagar a otras personas para hacer cosas que se me dan peor. Ahora calculo siempre: si el dinero que podría ganar con el tiempo que me ahorro es menor que el coste de delegar la tarea, la delego siempre.

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