Si algo se rompe, arréglalo

Si algo se rompe, arréglalo

En mi casa tenemos una serie de máximas que pasan por ser algo así como el decálogo sobre el que medimos nuestras acciones. Supongo que ocurre más o menos lo mismo en todas partes, pero como somos especialmente ordenados y metódicos, ha terminado por convertirse en una lista de “reglas”.

Mi mujer y yo tenemos determinadas normas claras desde siempre y, ahora que tenemos hijos, nos parece importante tenerlas siempre presentes y repetirlas regularmente para que, llegado el caso, por lo menos sepan cual es a priori nuestra opinión sobre cómo actuar.

Después de muchas conversaciones sobre el tema, me he decidido a compartirlo contigo para conocer tu opinión.A algunas personas les va a sonar un poco de psicópata el que tengamos esto tan reglado. A otras les va a parecer interesante. Juzga por tí mismo.

Siempre tratamos a los demás con respeto

La primera norma de nuestra casa no tiene ningún misterio. Es la premisa fundamental de toda sociedad civilizada. No tienes que ser simpático. No tienes que estar de acuerdo con ellos. No tiene que gustarte lo que hacen. Pero trátalos siempre con respeto.

Por supuesto, dentro de esto hay muchos matices que son más difíciles de trabajar. Por ejemplo, lo más evidente es hablar a los demás con educación y sin insultarlos ni ser agresivo. Pero hay cosas más complicadas de transmitir como respetar el espacio de los demás y que los demás respeten el tuyo, aprender a ponerte en el lugar del otro o defender tu punto de vista sin menospreciar al otro.

Si algo se rompe y puede arreglarse, lo arreglamos

Lo primero es que hay que tratar las cosas con cuidado. Pero si, aún así, se rompen, debemos procurar arreglarlas. Es preferible buscar una solución en Fixami, adquiriendo aquellas herramientas que vayan a servirnos a largo plazo.

Si se rompe una silla, sacamos la sierra y la taladradora y la reparamos. Si se rompe un mueble, bajamos del trastero unas tablas y el destornillador eléctrico y lo reforzamos. Si se rompe una lámpara vemos cómo reciclarla con unos alicates y un poco de cinta aislante. De hecho, dejo las reparaciones para los fines de semana para poder hacerlas con mis hijos, aunque sean aún demasiado pequeños para que realmente puedan hacer algo. El objetivo es adquirir la cultura.

Esto es una norma muy de mi casa y responde a nuestra creencia de que no hay que comprar nada superficial si puede evitarse y de que la economía familiar debería ser minimalista y responder a un modelo circular. Puede que resulte más barato reemplazar algo que comprarlo nuevo, pero procuraremos dejar poca traza ecológica.

Es complicado cumplir estos principios a veces, no pienses que no. No sabes el cargo de conciencia que tengo porque me regalaron un movil nuevo, teniendo ya uno que tenía varios años pero que funcionaba perfectamente.

Las promesas se cumplen

Esto es muy importante con los niños. Sun Tzu, en “El Arte de la Guerra”, escribe que hay que establecer un sistema claro de recompensas y castigos. Las personas deben saber a qué atenerse cuando interactúan con alguien. Resulta más sencillo colaborar con otra persona sabiendo cómo va a actuar y si la otra persona sabe cómo vas a actuar tu.

Está claro que no podemos controlar los actos de los demás, pero sí podemos influir en los nuestros. Cuando dices que vas a ahacer algo, debes hacerlo. Si no estás seguro de poder o querer hacer algo, simplemente no lo digas.

Si algo no nos gusta, lo cambiamos

Esta regla es muy personal mía. Hubo un tiempo en el que las cosas me iban bien, y solía decir que la suerte no existe y que me iban bien porque yo propiciaba que fuera así (y era más o menos cierto). Luego, pasé una época en las que las cosas no me iban tan bien, y siempre lo achacaba a la mala suerte, a mis circunstancias o a los actos de los demás.

Pero, un buén día, decidí que no iba a arreglar nada lamentándome todo el rato. Había que actuar. Si no lo hacía yo, nadie iba a venir a rescatarme. Si algo no te gusta, cámbialo.

No lloramos sin motivo

Esta norma tiene dos partes. Por un lado, está bien llorar. Es muy importante este aspecto. Está bien sentirse triste o sentir dolor, es parte de la vida. Y, cuando se siente, hay que externalizarlo y compartirlo si es lo que quieres hacer.

Por otro lado, hay cosas que merecen que lloremos y cosas que no. No llores por algo que puedas arreglar, piensa en cómo arreglarlo. No llores por algo que puedas cambiar, piensa en cómo cambiarlo. No llores como herramienta para alcanzar tus objetivos, negocia.

Es duro que los niños pequeños como mis hijos sepan por qué están llorando, pero parte de mi labor como padre es enseñarles a comprender sus sentimientos y saber qué les pasa en cada momento. Espera: ¿esto les ocurre sólo a los niños pequeños?

Importante: No se si te has dado cuenta de que no son reglas “dogmáticas”, es una especie de marco de actuación para tomar decisiones sin entrar en la moralidad de nuestros actos. No juzgamos si algo es bueno o malo, simplemente nosotros decidimos actuar de determinada manera. Pero nuestra manera de pensar es tan válida como la de cualquiera a priori, aunque podemos no estar de acuerdo.

Sí, le doy vueltas a mi forma de actuar y la forma en la que se la transmito a mis hijos. Puede que demasiadas, pero soy así ¯\_(ツ)_/¯

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